Prosemas de Tito Leyva, poeta del “capricornio encendido”

“Para mí, el tiempo no es orden, es la sed a la que difícilmente nos acostumbramos. Creo en la soledad del odio, oigo los pasos de la soberbia, el orgullo, y huyo de sus testimonios. A veces, me duermo en la tristeza de un caballo. Soy un privilegiado que escucho las palabras del agua. Soy capricornio encendido…”

Esto me expresó Tito Leyva cuando le pregunté acerca del sentir de sus poesía escrita en prosemas de hondo sentir existencial, filosófico y simbólico, textos nutridos de sus lecturas, vida cultural, familiar y social.

Nuestro poeta del prosema, es un conocido periodista radial y de televisión; columnista y promotor cultural; fundador del programa de televisión, Gente de Palabra; y Todas las Voces de la Cultura, en la radio.

Siguiendo a su manera, la puerta abierta de los prosemas del maestro Ernesto Mejía Sánchez, y de su amigo el poeta Francisco Valle, Leyva ha venido cultivando su propia veta lirica pero con estructura prosaica, romántica, irónica y llena de melodías.

Ha publicado textos como La persistencia de la memoria, versión español e italiana, con prólogo de escritor guatenica Franz Galich. Y Puerta sin brújula, con prólogo de Erick Aguirre.

Listos para la imprenta: Ejercicio de escucha y territorios de persuasión. Y su libro de entrevista, Tito pregunta, soles, estrellas y ángeles.

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Selección de Prosemas de Tito Leyva

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Así


Se apareció el silencio con una mandíbula borracha, que aspiraba a ser rey. Hubo gente que no tomó en serio la aparición, y aprovechó para prenderle fuego a algunas lágrimas. Un niño que miró, el desparpajo de la mandíbula al tocar tierra se orinó de miedo. A mi abuela, se le ponían flácidas las rodillas cuando le pedía que contara más, se hacía la desatendida escondiéndose en un regio pañuelo color verde. El silencio siempre fue un astuto cómplice de los laberintos. Un escucha de la mitad del cielo. El juez más implacable sobre la faz de una mentira. Una falacia del arrepentimiento más encantador. La mandíbula me ve a los ojos, y me entierra un puñal de tormento en mis oídos.


Si te digo


Si te lo digo no despiertes. Es, mi silencio quien envía los mensajes para reconocer que no soy yo. Te lo digo y no creas. La idea no es sufrir. Me dan ganas de que vayas hasta mis huesos, y te quedes ahí como una mariposa que ya no oye, ni se inflama entre sus colores. Te lo digo, y no es cierto. Yo te escucho y no lloro. Si te lo digo no me creas. Estoy silencio. A veces estoy soñando.


Esta madrugada


No juega con mi tristeza, el pájaro que me mira. Abre su pico y sobre mis hombros derrama su ternura. Es, como un espejo, que se ha bañado entre kioscos, luciérnagas y montañas vacías. Ayer, no fui el mejor amigo del otro. Fui solo una huella con mil dudas en cada paso. Una ventana que arrojó desde su interior, la soberbia de un rostro en vigilia. El pájaro que arriba a mi mente, quiere amar la misma mujer, que se llevó mis ojos, mi sangre y mis sueños.

Como entre las cosas


Vértigo. Detalles últimos de una promesa. Frases cortadas, en la misma distancia, que no van a la intimidad del cuerpo, ni encuentran a la mujer. El fulgor extraña la impaciencia. El amor, abre sus fuegos y condena. La paciencia se amarra al clamor y no cree en la boca que desea. El olvido, no llega tarde a sus promesas.

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