Malaji en dos vistas

Por Federico José Benavides 

I ) Auscultación: maldición y perdición de Malaquías 

El narrador permite descender al interior de Malaquías y auscultar los procesos mentales internos, ver su ojo interior e interpretar los signos internos. Antes, Malaquías ausculta el cosmos:

¿Qué te sucede, amorcito?

Las estrellas… las estrellas…

¿Qué pasa con ellas..?

Me llaman… me llaman… mamá. (9)

Lo que hace Malaquías desde su niñez es auscultar en el Cosmos, pues según el diccionario de la RAE, en su segunda acepción: Auscultar esSondear el pensamiento de otras personas, el estado de un negocio, la disposición ajena ante un asunto, etc.”

El niño vive una maldición al sondear el universo, porque la experiencia de ver el maltrato hacia su madre lo aturde, esta es la razón por la cual pregunta a una de sus tías: —¿Verdad que es mejor vivir en las estrellas? (164). Ella responde que es mejor dormir y hablar de ello al día siguiente.

Marcado desde su infancia, el efecto que tiene en él es de suplicio, que además de ser un fenómeno psicológico, el autor de esta monumental novela, Henry A. Petrie, lo emplea como técnica al máximo. De ahí que la auscultación se vaya hacia su pretérito laberíntico: 

Me provoca pensar en los tiempos pretéritos, presente y futuro. Pero me irrita. Sé que he vivido y nunca supe del futuro. Sencillamente he vivido, transcurrido y ambulado en innumerables avenidas y círculos de tiempo… (26).

Los demás lo ven, desde afuera, como una persona fuerte, libre, independiente. Pero cuando nos damos cuenta de su auto-concepto, vive angustiado por la mediocridad de vida de la sociedad. Un amigo, inquieto, le pregunta: —¿Podríamos continuar viviendo así, entre autómatas que solo andan tras un tesoro inexistente; tras una salvación del pedazo de alma que andan? Su respuesta no se hizo esperar: –Creo que de algún modo podemos, pero claro, es toda una batalla… una batalla con nosotros mismos para no dejarnos arrastrar… (33). Goza de ciertos momentos donde está involucrado el sexo femenino: —Mujer, mujer… cuando hay arte hay corazón y si el sexo se hace como una obra de arte, ¿cómo no puede haber amor? ¡Claro que sí, mujer! Sos extraordinaria… (53)

Debido al reproche que se hace así mismo y a la sociedad con mucha insistencia, no vive el presente como los otros, lo que hace es replegarse a su yo interior, deambulando de su mundo interior al exterior, no como un proceso psicológico sino de evasión, aminorando su carga emocional: Vuelvo a mi soledad… (58).

La comprensión es parte de su personalidad. Comprende a Nidia Guillermina, joven e inteligente, con la que tuvo una aventura; comprende también lo que le sucede a Eloísa, abandonada y solitaria, con la que tras un altercado verbal fortalecen la amistad.

Su fluir psíquico exalta la fe en sí mismo, reconoce la mortalidad y que el hombre está regido por fuerzas cósmicas: ¿Y qué tal si este día solo vive en mi mente? A veces me sucede, siento que me desprendo del cuerpo y ando por ahí haciendo cosas, como si el tiempo no existiera; no sé… ¿Esto será vida? Solo sé que sucede (75).

Henry A. Petrie encadena circunstancias de tiempo. Su estilo está basado en reiteradas interrogaciones, usa la auscultación como medio para mostrar el proceso psicológico de su personaje; además, como canal de la decodificación del signo. Ese signo que no hace aflorar sonidos, pero sí sentimientos y pensamientos. Sabe auscultar los espíritus que habitan en el interior de Malaquías para llegar a la conclusión sapiencial.

Pero bueno… ese asunto de dios no me importa. Pero me llama la atención el asunto del alma. ¿Existe realmente? Si existe, ¿qué es? Y eso sí es interesante. Porque en realidad, yo siento algo que va más allá de mi cuerpo, algo que existe dentro pero también está afuera. Claro que lo he sentido (76).

Malaquías, con un humanismo socialista al auscultar en la vida de la sociedad, vive una maldición, la cual es su perdición cuando percibe la incapacidad para valorar lo que realmente se debe valorar, también lo que impide salir de la corporalidad y así trascender la materialidad. Todo esto impide un nuevo régimen de visión y de significación de la materia.

Ve la maldición de un mundo interior porque él no es cualquier individuo. Escucha la interioridad de las personas, de las estrellas, del Cosmos entero hasta trasladarse a su hábitat, las estrellas, Ozma (167).

Nidia Guillermina y Eloísa lo buscaron en su casa después de ausentarse varios días, pero en su interior no se encontró cuerpo alguno (159). Él sentía envidia de Gagarín y de cada humano que ha incursionado en el espacio. Aunque él, culminando una vida, con nosotros continúa auscultando otros mundos. Y exclama: ¡Que el navío siga buscando la dirección de los vientos! (185).

II) La epicidad de Malaquías

Malaquías, personaje principal de la novela Malaji, es alguien aventuresco, un ser que viene de las estrellas para combatir batallas épicas, batallas cósmicas en un cuerpo humano y de ideología socialista. En la novela encontramos elementos que parecieran propios del ateísmo, pero Henry A. Petrie disfraza la ascensión cósmica del personaje que solo se evidencia cuando se ha leído mucho La Biblia.

Desde el inicio encontramos indicios de la grandeza de Malaquías. El escritor compara al personaje con Jesús en su nacimiento, muerte y resurrección. Al igual que Jesucristo cuestiona el mundo circundante, termina viviendo en las estrellas, venciendo la muerte y finaliza su epicidad en otros mundos.

La niñez del personaje no es como las otras, es como la de Jesús. Así leemos en la novela Despertó. Desde niño contempló las estrellas, (p. 5), las palabras que usa como Intertexto son niño y estrella, palabras que encontramos en La biblia al nacer Jesús: Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle (Mateo 2.1-2), continuando el relato encontramos las mismas palabras: Ellos habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño, (Mateo 2.9). Con las palabras subrayadas destaco la importancia de las mismas en la epicidad de Malaquías. Vemos que el paralelo de estas vidas es evidente. La epicidad de Jesús en la vida de Malaquías.

Otro aspecto que se destaca en la novela es la de su muerte. En las páginas 158 y 159 leemos la historia de Nidia Guillermina, quien después de embarazarse de Malaquías lo mantuvo en secreto y cuando lo buscó para darle la noticia ya no se encontraba. La historia de Malaquías termina de la siguiente manera:

Eloísa le contó que desde el día que celebraron su amanecer, no lo volvió a ver más. Dejó pasar tres días y la inquietó su ausencia, razón por la cual dio parte a las autoridades para allanar la casa y enterarse al fin, de lo que estaba aconteciendo con el amigo. En el interior no se encontró cuerpo alguno… desapareció sin dejar rastros. 

Él mismo habla de su resurrección La noche del Tercer Caracol en conjunción con la Luna, cuando me determiné seguir los pasos del abuelo de Naruma, me ahogué y luego resucité (169).

La muerte de Jesús fue igual. Estando en vida habló que su muerte sería semejante al suceso de Jonás y que estaría muerto tres días como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches, (Mateo 12.40). Comprobamos que son los mismos tres días en ambos personajes, otro dato que está en Malaquías es que son mujeres quienes le buscan, en la historia de Jesús leemos que ellas vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro (Mateo 28.1), también ambos tienen dominio de sus vidas y muertes.

Las mujeres de la ficción no encuentran el cuerpo de Malaquías donde debía estar, igual caso acontecido en la historia bíblica, el ángel le responde a las mujeres No está aquí, pues ha resucitado (Mateo 28.6).

Con estos acontecimientos, donde Malaquías es semejante a Jesús, el escritor pretende y lo logra darle relevancia al personaje. Logra llamar la atención del lector en la epicidad. Recordemos que Jesús fue alguien de las estrellas, o sea, del espacio, lo que comúnmente llamamos cielo. Igual que nuestro personaje novelesco.

Ambos son personajes épicos y cuando digo épico me estoy refiriendo al término bíblico de guerra, o sea, guerra espiritual. La Biblia nos explica no tenemos lucha contra sangre y carne… sino contra huestes espirituales de maldad… (Efesios 6.12), lo que significa luchar contra nuestra maldad interior, primero, y luego contra las maldad que impera en el mundo entero, sin armas que matan a las personas.

Epicidad deriva de la palabra épico que significa guerra. Términos apropiados para esta  situación. El apóstol Pablo utiliza términos de guerra cuando se refiere a la vida espiritual y lo que cuesta mantenerla. Así leemos en su testimonio: He peleado la buena batalla, expresado antes de morir y que lo escribió desde la cárcel en la Segunda Carta a Timoteo 4.7. Exhortación  que hace a los seguidores de Jesús: Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos, Timoteo 6.12. Con estas palabras es evidente el lenguaje épico aplicado a la vida espiritual del cristiano.

Cuando ambos personajes cuestionan la sociedad convulsa, sus anti valores, su falsa religión y la destrucción del medio ambiente, están luchando contra los anti valores que empujan a la humanidad a esos hechos. Sus guerras épico-morales las vencen con su moralidad incuestionable. Malaquías pelea contra la frigidez de Eloísa y logra sacarla del ensimismamiento. Pelea contra la insatisfacción sexual de Nidia Guillermina, quien logra engendrar un hijo.

La epicidad cósmica del personaje está más intensa en las batallas cósmicas que libra en otras estrellas. Las que están escritas en el último capítulo, cuyo título es “Crónica de Malaji”, aquí una mujer de Ozma le explica que él era una estrella fugaz (167), le pide deje una semilla en su vientre y él acepta hacer cosmo-sexo con ella (168), en la siguiente ciudad de Kilay le sorprendió tanto que le llamó difunta ciudad (172), en Maltras se enfermó y recuperó (172), se dirigió a Penul donde tuvo la oportunidad de conversar sobre las incógnitas que le aturdían en ese momento. Aquí se encontró un amigo a quien llamó Quetzal y llegaron juntos a Noleri (176). Viaja a otros lugares y siempre vence todos los obstáculos, como la enfermedad, ya mencionada.

No solo el tema de Jesús es la única relación de esta novela con la Biblia. El título es una clara alusión al libro de la Biblia llamado Malaquías. Monologando explica: Quetzal ya no estará riendo de mis locuras y ocurrencias, llamándome con ese equivalente hebreo: Malaji, Malaji (185), cuyo estilo es construir la trama con interrogantes, por ello encontramos en la pág. 7 cuatro incógnitas.

La primera se refiere a los lugares que le gustaría visitar ¿imaginaciones?, se pregunta así mismo, tratando de justificar su anhelo de viajar a otros submundos, también se cuestiona de lo obsesivo que resulta a veces vivir con esa idea. Y se interroga: ¿es necesario acaso?, ¿No podemos vivir sin apropiarnos de algo?, ¿Sin considerarnos dueño de alguien y de las cosas?

Encontramos otras cinco en la pág. 18: ¿Rectilíneas inalterables? ¿Claridades absolutas?, ¿Honorable?, ¿delicado y sumiso, yo?, ¿Quién será? Para terminar con esta analogía entre el estilo en que fue escrita la novela Malaji y el libro de Malaquías de la Biblia, pondré el último ejemplo de la trama construida con cuatro interrogantes, en la página 19: ¿Qué tanto la habrá maltratado ese hombre?, ¿masculinidad?, ¿Dónde puse el que abandoné anoche?, ¿por qué esa vida mustia en mi vecina?. En toda la novela están las interrogantes pero por espacio solo tomaré en cuenta estas para mi trabajo.

Malaquías, libro de la Biblia, en su primer capítulo encontramos doce preguntas. En su segundo versículo Jehová asegura amar al pueblo y este le reclama con la pregunta ¿En qué nos amaste? La respuesta del Todopoderoso no se hace esperar y le formula una pregunta retórica ¿No era Esaú hermano de Jacob? Quienes leemos la Biblia conocemos la respuesta, sí Esaú era hermano gemelo de Jacob y de los dos escogió a uno, así lo dice: Y amé a Jacob. De esa manera la divina respuesta aclara su aseveración, pero las interrogantes continúan en todo el libro, ya que ese es el estilo del escritor, como lo vengo explicando.

Hay tres preguntas más en el versículo seis. Dios da una comparación de los hijos que honran a sus padres, también el siervo honra a su señor, si estas analogías son así, Dios pregunta: ¿dónde está mi honra? Porque su pueblo no lo estaba haciendo y el creador de los cielos y la tierra cambia el discurso exhortativo y plantea preguntas reflexivas y retóricas, por ello pregunta que siendo capaz de castigar y destruir al malvado, entonces deberían temerle, pero no lo estaban haciendo, así plantea esta cuestión: ¿dónde está mi temor? Y para terminar esta analogía, lo haré con la increpación que el hacedor formula a Israel, específicamente a los sacerdotes que hablaban todo tipo de cosas, menos santas, como siempre lo ha demandado, deshonrando el nombre de Jehová, el cual está lleno de santidad y esta es la reacción del pueblo: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?

Cuando Malaquías profetizó el pueblo de Israel había sido regresado a su tierra después del exilio, pero no llegaron a ser una gran nación como lo creían, lo que debilitó su fe. Esto los hizo cuestionar las promesas de Dios y su poder para librarlos.

Ambos Malaquías, el bíblico y el ficcional muestran una sociedad con una religión superficial y como en toda guerra, se destacan como grandes guerreros en la guerra, pero con la gran diferencia de que esta guerra es contra los pecados que nos aquejan como humanos que somos. Una guerra contra la inclinación a la maldad, a la falsa adoración a Dios. Cuando digo: “La epicidad de Malaquías”, me refiero al carácter firme de cuestionar al sistema, a la religión y a todo lo que perjudique nuestra humanidad.

La epicidad de Malaquías lo lleva a la victoria. Guerra tras guerra, ya sea en la tierra, en el mundo interior o en el espacio las va ganando. Él, al igual que Jesús, es un guerrero de las estrellas, y así, como en el último libro de la Biblia Apocalipsis, muestra a Jesús en el cielo, después de muerto en la carne, revelándole al apóstol Juan lo que quería escribiese La revelación de Jesucristo… para manifestar a sus siervos… (Apocalipsis 1.1). Malaji nos explica en el último capítulo dónde está viviendo Malaquías sus crónicas, después de muerto en la carne.

Henry A. Petrie logra un gran trabajo al darle semejanza de Jesús a su personaje. Este es “un Jesús muy al siglo veintiuno”, sin tantos ropajes religiosos ni místicos ni tapujos, sino uno igual a nosotros, alguien que podemos ver y tocar como un humano más.

 

Bibliografía

La Biblia devocional de estudio Antigua versión de Casiodoro de reina (1569) revisada por Cipriano de Valera (1602), EEUU 1960.

Petrie, Henry A. Malaji, Managua 1ra° Edición 2012

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